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Tukkisenegal / Qué
ver en Senegal
Dakar
Dakar es objeto de críticas desiguales por parte de los viajeros.
Para sus partidarios, se trata de una ciudad moderna y espaciosa,
con un clima templado y múltiples posibilidades para el ocio.
Las calles bordeadas de árboles y el centro urbano relativamente
pequeño la convierten en una urbe fácil de recorrer,
a pesar de que la población supera el millón de habitantes;
los clubes y cafeterías cogen el testigo cuando anochece
y los atractivos del día dejan de funcionar. Sus detractores
señalan que el coste de la vida resulta muy elevado y que
muchos de los estafadores de la metrópoli no aceptan un no
por respuesta. Es preciso viajar hasta allí y comprobarlo
en directo. Si Dakar no atrae lo suficiente, resulta sencillo salir
de la urbe, con medios de transporte diarios hacia todo el país.
Una vez más, puede unirse a los cada vez más numerosos
expatriados residentes.
El Museo IFAN de Dakar, situado en la plaza de Soweto, alberga
una magnífica colección de máscaras, estatuas,
instrumentos musicales y utensilios agrícolas de toda África
occidental. El palacio presidencial, de un hermoso color blanco
y a cinco manzanas al sur de Soweto, data de 1906 y está
rodeado de suntuosos jardines.
La capital cuenta con dos mercados principales. El mercado de
Kermel, al este de la plaza de Soweto en dirección al puerto,
sufrió un incendio en 1993 que lo destruyó, así
que, en la actualidad, los puestos están ubicados en las
calles adyacentes, con frutas, prendas de vestir, tejidos y recuerdos
como principales productos a la venta. El mercado de Sandaga,
de mayor tamaño, vende más fruta y menos recuerdos,
aunque el amplio surtido de tejidos constituye uno de sus máximos
atractivos para los visitantes. Dakar también dispone de
las mejores instalaciones equipadas con Internet de la región,
entre las que destaca un cibercafé abierto las veinticuatro
horas del día.
La gran mezquita, alejada del centro urbano, se edificó
en 1964 y cuenta con un famoso minarete iluminado con reflectores
toda la noche. La mezquita está cerrada para los no musulmanes,
aunque merece la pena el desplazamiento para contemplar la medina
que la rodea. Aunque no puede calificarse precisamente de pintoresca,
su atmósfera bulliciosa contrasta de un modo muy marcado
con las modernas torres de apartamentos del núcleo histórico.
La playa de Bel-Air, al noreste de la estación de ferrocarril,
cuenta con un bar y servicios de alquiler de tablas de windsurf,
pero sus aguas no destacan por su limpieza. Deben evitarse el
resto de playas cercanas a Dakar, porque se corre el serio peligro
de sufrir un robo.
Thiès
A 70 km al este de Dakar, se encuentra la ciudad que, oficialmente,
está considerada la segunda en tamaño del país,
aunque parezca bastante pequeña y de lo más agradable.
Puede desplazarse hasta la urbe para relajarse a la sombra de
los árboles, comer en las cafeterías y restaurantes
económicos o, sencillamente, deambular por el centro observando
cómo el mundo sigue su curso. El principal interés
de Thiès radica en su fábrica de tapices, las Manufactures
Sénégalaises des Arts Décoratifs, una cooperativa
de fama mundial. Sus tapices están basados en pinturas
de artistas locales y pueden alcanzar precios de hasta miles de
dólares; merece la pena una visita, aunque no se tenga
intención de comprar nada. Los visitantes sólo tienen
acceso a la sala de exposiciones de la fábrica, aunque
lo más interesante sea recorrer su interior para ver cómo
se confeccionan. Si se llama por teléfono con unos días
de antelación, cabe la posibilidad de conseguir una excursión
completa.
Saint-Louis
Para forjarse una idea de la imagen de Senegal durante el período
colonial, el visitante debe dirigirse a Saint-Louis, el primer
asentamiento francés en África, que data de 1659.
En la actualidad, la ciudad se extiende por tierra firme, una
isla y parte de la península de Langue de Barbarie, en
la desembocadura del río Senegal. Se accede por el original
puente de Faidherbe, que en principio se construyó para
que atravesara el Danubio, pero fue trasladado en barco hasta
la zona en 1897. Dos pasarelas más pequeñas unen
la isla y la península.
Saint-Louis constituyó la capital de Senegal y Mauritania
hasta 1958, momento en que se separaron. En la isla, emplazamiento
de la colonia europea, es posible contemplar espléndidas
mansiones antiguas, con sus verjas de hierro forjado, sus balcones
y verandas de madera. La zona peninsular de Saint-Louis acogía
antiguamente al barrio africano; en la actualidad, alberga una
comunidad de pescadores denominada Guet N'Dar y constituye una
de sus zonas más animadas.
En la isla, los guías locales conducirán al turista
hasta el tejado de la oficina de correos por un módico
precio; desde allí, contemplará excelentes vistas
del puente y de la urbe. En las cercanías, se levanta el
palacio del gobernador, un fortín durante el siglo XVII
que ahora es propiedad del gobierno y un punto de referencia útil.
La catedral, a poca distancia, data de 1828; a pesar de su aspecto
moderno, se trata de la iglesia más antigua que permanece
en pie en Senegal. Al sur de Guet N'Dar se encuentra un excepcional
cementerio musulmán, donde las tumbas están cubiertas
por las redes de pesca de sus ocupantes. Actualmente, en Saint-Louis
es posible conectarse a Internet gracias a la reciente pertura
de un par de cibercafés con buenas conexiones y precios
razonables. A unos 20 km al sur de la península, junto
a algunas playas excelentes, se encuentra el Parque Nacional de
la Langue de Barbarie, hábitat de numerosas aves acuáticas,
como flamencos rosas, pelícanos blancos, cormoranes, garzas
reales, garcetas y patos.
Ziguinchor
A primera vista, Ziguinchor carece de atractivos destacables,
pero a sus residentes les acaba gustando, a pesar de la afluencia
de turistas en los meses invernales. La urbe es pequeña,
cuenta con unos cien mil habitantes, y su centro puede recorrerse
a pie con facilidad. Los viajeros con presupuesto reducido están
de enhorabuena: la ciudad también destaca como una de las
más económicas de Senegal.
Si se está buscando comida o quincallería, merece
la pena visitar el mercado de Saint-Maur. En el Centro Artesanal,
situado una manzana al Sur, numerosos comerciantes ambulantes
venden variados objetos de artesanía local, desde tallas
de madera, tejidos y vestidos hasta piezas de metal y plata. Tras
una excursión de un día desde Ziguinchor, se llega
a la granja de Djibelor, que cuenta con una interesante selección
de plantas tropicales y animales salvajes; la fauna de mayor tamaño
está enjaulada. Muchos hoteles de la zona ofrecen la opción
de organizar una excursión en piragua a las poblaciones
de Affiniam y Djilapao, en la Île des Oiseaux.
Cap Skirring
En las playas situadas en la zona de Cap Skirring, algunas de
las mejores del continente, se localiza la mayoría de hoteles
turísticos de Senegal y la mayor concentración de
extranjeros de África occidental, a excepción de
Gambia. Si se anhelan unos días de sol y arena, éste
es el lugar adecuado, pero si lo que se desea es contemplar la
auténtica África, más vale seguir adelante.
Para escapar del bullicio de Cap Skirring, puede dirigirse a
Diembéring, 9 km al Norte, que dispone de una playa tranquila
y sin estorbos.
Kaolack
Kaolack (pronunciado KOH-lack) es la capital de la región,
con más de doscientos mil habitantes, y el centro de la
industria senegalesa del cacahuete. Emplazada a medio camino entre
Dakar, Tambacounda y Gambia, generalmente está considerada
un mero cruce de caminos, a pesar de que se trata de un enclave
muy animado y más activo que la tranquila Saint-Louis o
Ziguinchor; merece la penar pasar un día o dos para visitarlo.
Los principales atractivos de Kaolack se focalizan en la mezquita,
hermosa y amplia, decorada al estilo marroquí, y el mercado
cubierto, el segundo mercado africano en tamaño tras el
de Marrakech, con arcos de estilo sudanés y soportales.
A pesar de estos atractivos, escasos turistas acuden a la urbe,
por lo que no resulta muy bulliciosa. Se trata de un lugar fantástico
sencillamente para pasear y empaparse del ambiente. |
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